sábado, 16 de enero de 2010

ADAM



Árbol de Sangre riega la mañana


por donde gime la recién parida.

Su voz deja cristales en la herida

y un gráfico de hueso en la ventana.



Mientras la luz que viene fija y gana

blancas metas de fábula que olvida

el tumulto de venas en la huida

hacia el turbio frescor de la manzana,



Adam sueña en la fiebre de la arcilla

un niño que se acerca galopando

por el doble latir de su mejilla.



Pero otro Adán oscuro está soñando

neutra luna de piedra sin semilla

donde el niño de luz se irá quemando.









 Federico García Lorca

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Con una inmensa atracción hacia lo desconocido